martes, 18 de septiembre de 2007

¿Todo pasa por algo?


Hoy volví a enfrentarme con una afirmación que vengo escuchando hace un tiempo... "TODO PASA POR ALGO..." Esta frase la vengo escuchando no sólo en adultos, sino también en adolescentes. Y debo reconocer que me preocupa...
El sentido que le dan a esta frase, es el de "esto que me pasó me lo mandó Dios para algo..." y tiene como subyaciendo cierta dosis de creer en el destino, como algo fijado...
Desde que me lo plantearon como pregunta por primera vez en un encuentro de confirmación, viene dando vueltas en mi cabeza. Y es que es demasiado duro pensar que Dios hace que perdamos el trabajo, nos vaya mal en un examen o "se lleve" a un ser querido (como lo planteé en algún posteo anterior...) Y por otro lado también es cierto que esta manera de pensar nos libera de ciertas responsabilidades de las cuales nos cuesta hacernos cargo... (y esta fue la reflexión de un alumno en un encuentro de Catequesis) La libertad es un don hermoso que Dios nos regaló, y que día a día aprendemos a usar... acierto y error... Y esas decisiones nos llevan a vivir situaciones que a veces no deseamos. Y entonces nos preguntamos por qué nos pasó tal o cual cosa...
Creo que la intervención de Dios es otra, tal vez mucho más sutil (y por eso nos cuesta verla) y seguramente más efectiva. El Dios en el que Creo, el Dios de Jesucristo, es un Dios que acompaña en el camino... que cuando estamos por hacer alguna macana nos previene (y ¡cómo nos cuesta verlo en estos momentos!) y cuando estamos caídos se arrodilla a nuestro lado para sanar nuestras heridas y ayudarnos a levantarnos. Porque es un Padre Bueno, un Buen Samaritano, aquel que se alegra y hace fiesta cuando un pecador se convierte. Y por supuesto, ¡¡¡se alegra con nuestras alegrías y nos alienta en nuestros esfuerzos!!!
¡Qué difícil es vivir con la imagen de un Dios que controla y maneja nuestras vidas a su antojo...! Me quedo con el Padre Bueno de la parábola, y sobre todo, con su Bendito Abrazo que me hace sentirme cada día hijo suyo.

domingo, 17 de junio de 2007

Saber mirar

Es increíble, pero Dios no deja nunca de sorprendernos... Cada día creo más en la acción del Espíritu en nuestras vidas. Cómo nos va abriendo caminos, y mostrándonos con mucha dulzura por quién y quiénes late nuestro corazón...
Hay que tener el oído atento, y la mirada despejada... Y ¡qué difícil es a veces! Porque uno hace planes, y de pronto se da cuenta que más vale vivir el día a día... dejarse sorprender por cada instante. Y esto sin dejar de prepararse para estar disponible al llamado de Jesús...
¿Suena confuso? Jeje... es que lo es... pero a no desesperar... Estos procesos hay que vivirlos con mucha paz y alegría. No la "paz" de quien vive una vida tranquila y sin sobresaltos, sino la paz de quien se sabe en la lucha, y continúa de pie, siempre, a pesar de las caídas...
Sigo creyendo siempre en la Misericordia infinita de Dios. La de las caricias del alma... la que nos llena el corazón porque sabemos que entiende nuestros errores y nos acompaña en este camino de crecer, modelando nuestro barro...
Sigamos buscando... no nos detengamos... Él camina a nuestro lado. Siempre. Sólo hay que saber mirar...

martes, 1 de mayo de 2007

La vida, la muerte y Dios

Me tocó vivir una experiencia que me dejó pensando... Hace unos días falleció el papá de un ex alumno mío... Tal vez deba aclarar que soy catequista, para que así se comprenda aún mejor mi preocupación.
En sus lógicos reclamos, expresaba que "por qué Dios se lo llevó ahora, si yo lo necesitaba..."
Lo escuché... en ese momento las explicaciones y los fundamentos no eran oportunos... sólo el abrazo y el oído atento... Pero no pude dejar de cuestionarme por qué este joven de 19 años aún cree en un Dios que decide el día de la muerte de sus hijos...
Jesús nos vino a revelar al Dios de la Misericordia... no a un Dios que te quita a tus seres queridos... Un Padre Bueno que, como lo hace todos los días, sale a nuestro encuentro. Y que en estos casos, espera con los brazos abiertos al que ha partido a su casa. Y como con el hijo menor de la parábola, cuando lo ve venir corre, lo abraza y lo besa... y hace una fiesta.
Ojalá el Espíritu nos acompañe en esta búsqueda, para que podamos descubrir el verdadero rostro de Dios, el que Jesús vino a mostrarnos, porque quien lo ve a Él, ve al Padre.
Los dejo con esta inquietud. Y la oración por Agustín. Los que partieron, ya están en la casa del Padre... Jesús fue a prepararnos un lugar a esa casa que tiene muchas habitaciones.
Que el Dios de la Vida y la Misericordia nos acompañe siempre.